Galeradas y compaginadas: Los superhéroes olvidados del sector editorial

¡Ah, las galeradas y las compaginadas! 👉 Aunque hoy no se usan tanto (la reducción de costes editoriales también les ha pasado factura), fueron como dos superhéroes que trabajaban juntos para asegurar que el libro estuviera perfecto antes de salir al mundo.

Las galeradas eran como el ensayo general de una obra. Se imprimía el texto sin paginar y era el momento en que editores y correctores se ponían el sombrero de detective: buscaban erratas, fallos de maquetación, errores de diseño… Era la primera lectura crítica del libro, y donde más errores se encontraban.

Tras esa revisión, nacían las compaginadas: el proceso de organizar el contenido para que las páginas siguieran un orden correcto. Como un rompecabezas gigante donde todo debía encajar y fluir. Aquí se definían los capítulos, títulos, imágenes… ¡y se evitaba que las páginas se mezclaran como una baraja!

Algunos autores pedían revisar la novela una vez compaginada y devolvían una obra nueva por la cantidad de cambios. Balzac, por ejemplo, era tan meticuloso que los editores lo amenazaron con descontarle dinero por tantos retoques.

Hoy, entre correctores automáticos y prisas, muchas veces solo hay una lectura. Antes había galeradas, primeras y segundas compaginadas, y múltiples controles hasta no encontrar ningún error. Era el mundo editorial. Ahora es el mundo del comercio editorial.

En LAM.BE seguimos creyendo en los detalles, en leer con lupa y en cuidar los libros como se hacía antes. Porque editar, para nosotros, sigue siendo un arte.

Texto: Javier Bellver Pujades